Y efectivamente a las 7:46 de la mañana cogimos el tren que nos llevaría a Bologna a pasar el día. Era un tren regional, de los más baratos, pero nosotros nos metimos en primera clase, porque estaba vacía y porque nos apetecía, para ver la diferencia entre ambas. Y tras poco menos de tres horas, después de un transbordo en Verona, y de interminables conversaciones en los vagones, llegamos a la ciudad universitaria por excelencia de Italia, una ciudad de aproximadamente 400.000 habitantes y plagada de tiendas de ropa. El centro histórico es bastante bonito, con innumerables iglesias y plazas, y con una catedral enorme, con su plaza y sus cafeterías abarrotadas de turistas. Comimos en un local de “pizza al taglio”, es decir, pizzerías que venden porciones gigantes a 1,5 euros. Por la tarde noche cogimos el primer tren que iba a Florencia, y esta vez no era un regional, era un InterCity, que son los trenes que más me gustan. Tienen compartimentos para seis personas, y un pasillo al lado por el que pasa gente de todo tipo, en grupos, solos, y de mil razas y apariencias. Siempre me ha encantado viajar en tren, y en países extranjeros me gusta más.


En una hora llegamos a Florencia, la cuna del Renacimiento. El alojamiento que teníamos reservado era, en invierno una asociación de acogida de “homeless”, con lo que era una especie de palacete antiguo con habitaciones prefabricadas y un único baño (bastante sucio) para las 80 personas que estábamos alojadas allí. El “ostello” cerraba a las 2 de la madrugada sus puertas, conque tuvimos que descartar la idea de irnos de fiesta seria, dado que al dia siguiente debíamos ver la ciudad con calma. Y aun así nos fuimos a cenar a una pizzería y después a beber a la Piazza San Cristobal. Y luego fuimos hacia una discoteca que tenía buena pinta, y un montón de españoles en la puerta, entre ellos Sara y Badiola, dos españoles que están de Erasmus en Pisa este año, y a los cuales visitaré con mucho gusto dentro de poco tiempo. Y tras beber en la puerta un poco de vino nos dimos cuenta que no llegábamos a las 2 al hostal, asi que nos fuimos corriendo. Y dormimos más o menos bien, con más o menos frío, y con mucho ruido a partir de las seis y media de la mañana, hora en la cual mucha gente se despierta y da por supuesto que todo el mundo se ha despertado también.
El sábado estuvimos todo el día viendo Florencia, y me sigue pareciendo la ciudad más bonita del mundo. Por la mañana estuvimos viendo el Duomo, y nos subimos a la cúpula. Una ascensión un poco pesada, de casi 500 escalones, en la que se conocía bien a la gente que llevabas delante y detrás, del tiempo que se tarda en subir. Desde arriba se ve todo Florencia, y es increible:


Por la tarde estuvimos pateándonos toda la ciudad, intentando ver todo lo que pudimos en un día, cosa muy dificil en una ciudad tan grande y tan llena de museos y monumentos:



Por la noche cenamos en un sitio gracioso, y como era mi cumpleaños compramos botellas de vino, de Lambruzco, y nos dispusimos a beber en la misma plaza del día anterior. Pero hacía frio, asi que nos fuimos a la habitación del nuevo hostel que teníamos reservado. Allí nos comimos un Panettone que me compraron como tarta, porque está buenísimo. Y allí, en la habitación del hostal pasamos una noche de risas y vino. Y no muy tarde nos fuimos a sobar, que teníamos que madrugar un poco.
El domingo por la mañana nos despertamos pronto y nos fuimos a Modena, al Skirama, una feria a nivel estatal que reune exposición y venta de material de ski. Con lo que los que íbamos a comprar algo nos fuimos a mirar a ver que tal. Y cinco horas después, salimos del recinto ferial con todo el equipo: